|
"No hay que tomarlo como un fracaso, pero ojalá que no se repita". En su última aparición por la sala de conferencias de Casa Amarilla, hace un par de semanas, Juan Román Riquelme repasaba el 2009 de frustraciones de Boca y rogaba que no haya bis en el 2010. No sólo por el magro año de su equipo, lejos en ambos torneos locales y afuera en octavos en ambas copas internacionales, sino también por la producción personal. Porque hay un numerito que Román tiene muy presente y que aspira a que quede pronto como un simple mal recuerdo de este año negro: 26.
Esa fue exactamente la cantidad de partidos que Juan Román Riquelme disputó en el 2009. Apenas el 54% de los que Boca tuvo entre los cuatros torneos: 48. Y su ausencia, está claro, tuvo un impacto directo en la cosecha del equipo.
Primero por una lesión en la planta del pie, luego por molestias musculares, en la segunda parte otra vez con problemas en la fascia plantar y así, repetidamente, por un motivo o por otro, Riquelme transitó la mayor parte del año entre consultorios y médicos y muy lejos del rectángulo verde que más le gusta en el mundo. Los tres goles que convirtió en el año tuvieron gusto a poco para todos en el Mundo Boca.
"Cada vez que estuve lesionado siempre pude volver antes de lo que los médicos decían. Esta vez lo intenté, quería estar, pero sentí molestias. Ahora tenemos que ganar el torneo del año que viene para darle una alegría a la gente y ojalá que el Coco me pueda dirigir en una Copa Libertadores", dijo, en su última conferencia ante la prensa, el propio Román. Sabe más que nadie, por más que cuente con crédito a favor de sobra, que el 2009 lo terminó en deuda.
|